El sol estaba a punto de ponerse y aquella calle estaba solísima, no tenían lo suficiente para volver a casa, pero no era su culpa, por mas maromas que habían hecho solo habían logrado recoger unos cuantos cincos, sabían que le esperaba una regañada, pero no era su culpa, a la calle le llamaban la de los milagros, la 12, pero era mentira, ellos aun estaban ahí.
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